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miércoles, 12 de diciembre de 2018

El nieto argentino del pueblo turolense desaparecido de Santolea

Fabián Ballestero, argentino, ha rastreado sus orígenes en internet hasta encontrar que desciende de este pueblo turolense abandonado por la construcción de un embalse.

Fabián Óscar Ballestero, argentino de 47 años, lleva media vida tratando de completar su árbol genealógico. Nació y vive en San Luis (Argentina), está casado, tiene un hijo y trabaja de peluquero. Por las historias que se contaban en su familia solo sabía que su abuelo, que murió joven, había nacido en Teruel. Ahora gracias a la ayuda de las redes sociales, de varias personas y asociaciones, ha encontrado sus orígenes en Santolea, pueblo abandonado por la construcción del embalse que lleva su nombre

"Hace cinco meses inicié activamente la búsqueda de mis antepasados. Apenas tenía información. Gracias a la constancia y a muchas personas que me ayudaron pude completar mi historia y cumplir mi sueño", afirma Fabián, que ahora cuenta orgulloso que es nieto de José María Ballestero Ballestero, nacido en Santolea el 20 de agosto de 1898, que vivió en la calle Mayor número 22 hasta que a los 13 años emigró a Argentina.

En 1911, el abuelo de Fabián se subió a un barco en el puerto de Vigo que le llevó a Buenos Aires. Empezó a trabajar en una empresa de extracción de sal. En 1925 se casó con María Otilia Mora y al año siguiente nació el padre de Fabián, Miguel Óscar Ballestero. En 1931, José María murió por un disparo de un trabajador al que había sorprendido jugando a las cartas. El padre de Fabián, que tenía 6 años, fue dado en adopción a unos familiares.

"Desde chico interrogaba a mi padre por los orígenes del abuelo, pero él no sabía porque apenas lo conoció. Buscando actas de nacimiento y defunción recopilé algunos datos. Me faltaba el segundo apellido de mi abuelo, que encontré en el acta del matrimonio en San Luis, intacta desde 1925. Pero aún no sabía de qué pueblo procedía. Lo encontré en la página web de la Asociación de Genealogía de Aragón y con la ayuda de José Aguilar Martí, descendiente de Santolea", cuenta Fabián sus pesquisas.

Un pueblo abandonado que permanece vivo en la memoria
De Santolea quedan el cementerio (donde están enterrados varios familiares de Fabián), restos de algunas casas y muchas historias. La construcción del pantano de Santolea en los años 30 trajo regadíos y riqueza a esta zona del Bajo Aragón, pero obligó a emigrar a sus vecinos, a Zaragoza, Alcañiz y otros pueblos de alrededor.


Heraldo de Aragón

Luis Pitarque gana el primer premio del certamen fotográfico del Maestrazgo

El fotógrafo alcañizano Luis Pitarque es el ganador de la decimotercera edición del Concurso de Fotografía de la Comarca del Maestrazgo 2018, con una toma nocturna en las ruinas de la Ermita de Santa Engracia, en Santolea, donde se aprecia parte de la Vía Láctea. El tarraconense Josep María Carbó se ha hecho con el segundo premio del concurso con la imagen Arde Mirabel, una toma de la iglesia de Santa Margarita de Mirambel tomada desde un campo de trigo verde con las espigas desenfocadas en primer término. 

El concurso organizado por la Comarca del Maestrazgo ha repartido 500 euros en premios, 350 para el vencedor y 150 para el segundo. Durante esta decimotercera edición del concurso la participación se ha disparado, pasando de los 15 participantes y 38 fotografías presentadas a los 67 fotógrafos con 178 trabajos. En parte esto se ha debido a que se modificaron las bases para que los originales pudieran presentarse en formato digital y no necesariamente impresas, lo que complica la participación porque, como recuerda la organización, “no hay estudios de revelado en nuestra comarca”. Así mismo, según el jurado del concurso, compuesto por los fotógrafos Pedro Blesa y Peña Verón, el nivel ha aumentado significativamente y ha complicado su labor. Para Luis Pitarque, “es mucho más bonito ganar un concurso de este tipo cuando sabes que ha habido mucha participación”.
Fotógrafo de la noche
Luis Pitarque, que ya obtuvo en 2011 un premio en el certamen del Maestrazgo, se proclamó vencedor con una toma nocturna, uno de sus motivos fotográficos preferidos. “Empecé hace tiempo con ellas, un poco como autodidacta. Las fotografías nocturnas las comparo un poco con la pesca”, explica. “Requiere de bastante paciencia y, si hoy no me sale, hay que volver al día siguiente para que salga”.
En concreto  Ermita de Santa Engracia está tomada al pie de las ruinas de ese edificio, en Santolea, con ayuda de un trípode, una linterna de iluminación y treinta segundos de exposición, de forma que las estrellas se distinguen bien sin que sea perceptible la estela provocada por el movimiento de la Tierra. En el centro del cielo se distingue parte de la Vía Láctea, a pesar de que la imagen está tomada en febrero de 2018, “que no es el mejor mes para fotografíar nuestra galaxia”.
El fotógrafo eligió ese emplazamiento para tomar la imagen porque “me gustan mucho las ruinas, en primer lugar. Y además tengo una gran amistad con Miguel Perdiguer”, fotógrafo y pediatra, “que es de Santolea y tenía ese sitio bien identificado”.
Luis Pitarque es un apasionado de la fotografía nocturna y de la deportiva, campo en el que colabora con DIARIO DE TERUEL en competiciones en Motorland o encuentros de fútbol. Además es presidente de la Asociación Fotográfica del Bajo Aragón y uno de los impulsores de su creación. Parte de su trabajo puede contemplarse en flickr.com/photos/ luis_pitarque_garcia.
Por su parte Josep María Carbó Sanchís, reside en Tortosa (Tarragona) y es economista de profesión y fotógrafo aficionado. Enamorado de las tierras del Maestrazgo desde hace más de veinte años que las recorre a pie, por sus caminos y senderos, captando imágenes de sus paisajes y tradiciones. Como fotógrafo pertenece a la asociación de fotografía Zoom Ebre con sede en Tortosa, con la que ha participado en diversas exposiciones colectivas. También es miembro del Fotoclub Terres de l’Ebre. 


Diario de Teruel
http://www.diariodeteruel.es/movil/noticia.asp?notid=1010273&secid=6

sábado, 17 de noviembre de 2018

MÁS ALLÁ DEL SILENCIO


El pasado 15 de noviembre se emitió en el programa Más allá del silencio de Aragón TV un pequeño reportaje sobre el cementerio de Santolea.
Os lo dejamos aquí para que podáis verlo!


domingo, 11 de marzo de 2018

VIII Encuentro de amigxs de Santolea




Como cada año este mes de Abril santoleanxs y descendientes preparamos un día de encuentro que ya se acerca, será el próximo sábado 14 de Abril en el Hostal Castellote. Si estas interesadx en asistir y todavía no nos has avisado puedes ponerte en contacto con nosotros vía telefónica o email:
santolea_@hotmail.com ó 647438670

Deberás indicarnos el nombre de las personas que van a asistir. Este es el menú:





Te esperamos!

miércoles, 8 de noviembre de 2017

UNA MIRADA A SANTOLEA en la Feria de productos y servicios del medio rural de Aguaviva

El Bergantes no se toca es una plataforma ciudadana que surgió en mayo de 2013 con el propósito de luchar contra el proyecto de presa en el río Bergantes. La movilización ciudadana gracias al apoyo de varios estudios medioambientales y de las leyes europeas han conseguido en estos cuatro años paralizar, aunque no desechar, el proyecto.
La plataforma colabora todos los años con la feria de productos y servicios del medio rural que se celebra en el mes de Noviembre en Aguaviva y este año han contado con nosotros para poder llevar hasta allí la exposición fotográfica “Una Mirada a Santolea”, inaugurada la pasada primavera en Castellote.
La podremos ver en el Centro Social de Aguaviva (Calle Larga nº 17) el Sábado 18 de Noviembre de  12:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 y el Domingo 19 de Noviembre de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00

Os esperamos alli!



martes, 13 de junio de 2017

Una exposición fotográfica divulga el “crimen” del pantano de Santolea


“Aquello fue un crimen”, sentencian aún indignadas las hermanas Carmen y Natalia Ballestero mientras contemplan en la Biblioteca de Alcañiz la exposición Una mirada a Santolea que recoge fotografías que narran el final de este pueblo del Maestrazgo al que el Estado obligó a desaparecer para mayor prosperidad de Alcañiz y Caspe, aguas abajo del Guadalope. No conforme con inundar sus ricas tierras de regadío en dos tandas (1932 y 1958), en 1972 la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) decidió reducir a escombros el casco urbano, iglesia con torre mudéjar incluida, para evitar el expolio.
La exposición, que permanecerá hasta el 24 de junio en las plantas baja y primera de la biblioteca alcañizana, ha sido promovida por la Asociación Santolea Viva, que ha contado con el apoyo de la Comarca del Maestrazgo. Consta de 62 fotografías que abarcan el periodo histórico desde 1920 hasta la actualidad, aunque en el centro cultural alcañizano se expone alguna menos por cuestiones de espacio.
Las instantáneas de esta muestra itinerante –está a disposición de asociaciones y ayuntamientos de Maestrazgo y del Bajo Aragón que la soliciten– reflejan varias imágenes del pasado de Santolea y de la vida actual de algunos de sus habitantes que hoy son vecinos de otros lugares. La inmensa mayoría de las fotografías es obra de Miguel Perdiguer, ilustre médico y gran aficionado a la fotografía –aún recuerda que su primera cámara le costó 12,90 pesetas– que, pese a haber hecho vida en Alcañiz, guarda intactos en su memoria los recuerdos de su infancia y juventud en Santolea, el pueblo hoy arrasado en el que nació un lejano 9 de agosto de 1918.
Perdiguer forma parte del núcleo duro de los santoleanos, aquellos que cada año por Santa Engracia (16 de abril) se reúnen en torno a las ruinas para recordar sus orígenes. Porque “perder los orígenes es perder la identidad”, según popularizó el cantautor Raimon en una de sus más exitosas composiciones.
De ello va la exposición, de “contar la historia de Santolea, un pueblo condenado a la destrucción desde que se programaron las obras del pantano que lleva su nombre”, explica la presidenta de Santolea Viva, Laura Berné, a quien 45 años después le sigue doliendo que la CHE redujera a ruinas el pueblo pese a que el pantano “nunca inundó las viviendas ni la iglesia”. Apenas quedaron en pie tres casas donde se quedaban los pastores a los que la CHE arrendó algunas tierras.
La muestra es un “homenaje a las personas que tuvieron que abandonar sus casas y tierras, y que perdieron su patrimonio y raíces injustamente, ya que la construcción del embalse no tenía por qué llevar pareja la destrucción del pueblo”, insiste la presidenta.
Según recuerda Perdiguer, Santolea era una cabecera de comarca a la que por aquel entonces se la conocía como La Concordia, “seguramente porque entre sus vecinos se llevaban bien; era un pueblo agrícola mejor que los otros porque tenía más huerta, pasaba el río por allí y el resto eran todos de secano”.
“En 1877, Santolea contaba con 847 habitantes gracias a su situación geográfica y sus fértiles tierras regadas por multitud de acequias. La oliva y la almendra eran productos importantes, pero también lo fueron los de su huerta: hortalizas, legumbres, cáñamo, lino y moreras –de las que se recogía seda– que generaban empleo y daban vida a la ribera”, explica el historiador local José Aguilar –ha colaborado con los textos de la exposición– en sus Apuntes de Santolea.
Santolea era un pueblo con servicios. Había médico, veterinario, escuelas, cartería, fondas, molinos de aceite y harinero o farmacia. El núcleo urbano ejercía una función aglutinadora para las masías y pequeños pueblos de alrededor.
El río se volvió en contra
Toda esta estructura económico-social se iba a tambalear a comienzos del siglo XX, concretamente en 1908, cuando se empezó a gestar la construcción de un pantano. El 13 de junio de 1919 dieron comienzo los trabajos preliminares y en septiembre de 1927 arrancaron oficialmente las obras de la presa, en las que, entre otros, participaron como jornaleros los propios vecinos a sabiendas de que su obra les acabaría echando del pueblo.
En 1932, el Guadalope que hasta el momento suponía fuente de riqueza y progreso se convirtió paradójicamente en enemigo, anegando las mejores huertas de la localidad y condenando a emigrar a la población.
Antes del llenado, la localidad contaba con más de 700 habitantes. La primera oleada de despoblación llegó enseguida con la marcha de 27 familias que tomaron dirección Alcañiz, Mas de las Matas o Zaragoza, pero también fueron hacia Francia o pueblos más cercanos como Cuevas de Cañart o Ladruñán, hoy pedanías de Castellote.
Hacia 1958, con el recrecimiento del embalse, llegaría la segunda emigración masiva en su mayoría hacia los nuevos regadíos de Valmuel y Puigmoreno. “Nosotros fuimos a Puigmoreno, un pueblo de colonización. Nos dieron casa y una finca para trabajar”, explican las hermanas Ballestero, a las que la emigración les cogió con 11 años. “Nosotras éramos pequeñas y no nos acordamos, pero mis padres lo pasaron fatal. Su casa, sus recuerdos… Hubo tantas cosas que se quedaron allí…”.
Otros marcharon a Barcelona, siguiendo la corriente de tantos miles de turolenses que fueron hacia el este a buscar un futuro mejor. Fue el caso de la familia de Pilar Ballestero. “Mi padre era el cartero de Santolea y en Barcelona tuvo que cambiar de oficio; se hizo librero”, indicó.
Las indemnizaciones acabaron de cobrarse en 1967. Muchos de los vecinos tuvieron que volver al pueblo para percibir el dinero porque ya eran pocos los que resistían a su futuro inevitable. Según Aguilar, a una familia compuesta por un matrimonio y tres hijos que convivían con los padres de la mujer se les adjudicó unas 30.000 pesetas.
“Los vecinos iniciaron una nueva vida, obligados a olvidar lo que había pasado puesto que la época en la que ocurrió todo eso no daba pie a ninguna protesta ni rebeldía, solo a la resignación”, explica Berné.
“A los de la Posada los sacaron obligados, no se querían ir”, recordó Teresa Aguilar, que comparte la indignación de sus paisanos por la demolición de las casas en 1972, cuando ya no quedaba nadie. “Se podía haber quedado como un pueblo de veraneo, no tenían por qué haber tirado el pueblo”, dijo.
“Tiraron las casas por los hippies”, aseguró Perdiguer. Una vez desalojado el pueblo, “se mató uno dentro de una casa que se caía y la CHE tuvo que pagar”. Al parecer, escarmentado, el organismo de cuenca demolió todos los edificios, incluida la iglesia construida en 1615. “Fue volada con siete cargas de dinamita”, asevera la presidenta.
Ahora, del pueblo próspero que fue tan solo quedan esas tres casas y el calvario, considerado en tiempos el más bello de la provincia tras el de Alloza, y un cementerio abandonado que agoniza al borde de un precipicio artificial, creado por una cantera que amenaza y destroza lo poco que persiste de un núcleo de población arrasado.
Piden sanear el cementerio y una “zona de reencuentro” en el calvario
La exposición itinerante recoge fotografías de las fiestas de Santa Engracia (16 de abril), con procesión al calvario y misa en la ermita. Los vecinos y descendientes de Santolea han elegido esta fecha para reunirse una vez al año, recordar su pueblo y rendirle homenaje.
“Nos reuniremos unas 200 personas” de hasta cinco generaciones distintas, calcularon las hermanas Ballestero, que cada vez que suben al pueblo el monte les “huele a tomillo y romero”. Pertenecen a la Asociación Santolea Viva, que no reparte carnés pero sí afiliaciones emocionales. Todos los que tienen su origen en la antigua localidad del Maestrazgo, sean de la generación que sean, tienen sitio en esta celebración, cuyo momento álgido es el paseo por las ruinas del pueblo.
La amargura se enjuaga después con una comida de hermandad en Castellote.
“La asociación nació hace ocho años para poder llegar a más vecinos y aglutinar fuerzas para preservar la memoria histórica del pueblo”, explicó la presidenta, Laura Berné. Como novedad, en el encuentro de este año se inauguró la exposición que ahora se encuentra en Alcañiz y con la que se quiere “homenajear a los vecinos, remover conciencias y hacer justicia a la memoria casi olvidada de lo que fue Santolea”, añadió Berné.
La asociación reclama que el Ayuntamiento de Castellote y la CHE se pongan de acuerdo para “conservar dignamente” lo poco que queda del pueblo. “El cementerio se encuentra en estado de ruina”, aunque sigue siendo “donde descansan nuestros antepasados”.
Además, solicitan “hacer una zona de reencuentro, con unos merenderos en las ruinas del calvario, el segundo más importante de Teruel después del de Alloza y que fue arrancado piedra por piedra”, dijo Berné. “Desde allí se ven los restos del pueblo y los vecinos lo visitan siempre que pueden”, explicó.
Santolea Viva cuenta con una página web (santolea.jimdo.com) y un archivo que sirve de base para organizar actos culturales como esta muestra.