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Santolea

Santolea fue un pequeño pueblo del Maestrazgo turolense, sus fértiles huertas eran regadas por el río Guadalope y sus vecinos se dedicaban, en su mayoría, a la agricultura.
            En sus orígenes  dependió de  Castellote y de las masadas de las Cuevas de Castellote, hasta que en 1612 se independizo.
En Santolea convivían alrededor de unos 800 vecinos hasta el inicio de la construcción del pantano; disponía de servicios tales como Médico, Veterinario, Practicante, Maestros, Horno, Farmacia y Sacerdote.  Pero en 1920, ya comenzaron a emigran alguna de las familias, y a partir de ahí, la población se fue reduciendo progresivamente hasta finales de la década de los 60, en los que Santolea, quedo totalmente despoblada.
Tal como podemos observar en el plano de abajo, Santolea era un pueblo alargado. Tres calles principales lo formaban, la calle  del Cristo, Calle mayor y San Roque.




 
El ayuntamiento, apartado de la plaza de la Iglesia era modesto, poco se diferenciaba del resto de casas que lo rodeaban y en su puerta se podía leer una placa en la que ponía “Ayuntamiento, Casa de la Villa”. La Iglesia sin embargo, construida en 1615, era grande y bonita, aunque tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones como consecuencia de varias guerras.
El Calvario, después del de Alloza, fue el más grande de la provincia. Su construcción se remonta al siglo XVIII, con 14 capillas que formaban las 14 estaciones del Viacrucis.  Presidiéndolo se encontraba la única ermita del pueblo, La Ermita de Santa Engracia, muy querida por todos los vecinos, y a la que se acudía en días de fiesta. Al lado del calvario se hallaba la nevera de la que ya no queda nada.
Sus vecinos se dedicaban a la agricultura, la oliva y la almendra eran productos importantes, pero también lo fueron los de su huerta; hortalizas, legumbres, cáñamo, lino y moreras, que creaban trabajo y daban vida a su rivera. El agua era pues, abundante, varias acequias rodeaban el pueblo: la acequia Mayor nacía en el río Guadalope y llegaba a la balsa del Molino, donde se encontraban los lavaderos. La acequia del Planazo, que sirvió para regar casi todos los huertos. La acequia de los Valejos que salía de la balsa del Molino. La acequia de La Torre y la de La Parada que fueron inundadas por el pantano, y otras que tenían una menor importancia como la de la Viñarruga, la de las Herrerías y la del Calvario.
El Molino se encontraba al lado de la balsa que llevaba su nombre, ya que esta, lo ayudaba a moler la harina y a realizar el aceite de todos los vecinos, pero esos días de vida desaparecieron con la construcción del pantano.

LA CONSTRUCCIÓN DEL PANTANO Y LA DESPEDIDA DE UN PUEBLO

El pantano de Santolea, iniciado en la dictadura de Primo de Rivera y finalizado durante la segunda Republica trajo riqueza al Bajo Aragón Histórico, ya que, gracias a su aguas, se pudieron crear regadíos que permitieron a los tierra bajinos aumentar su calidad de vida. Los primeros interesados en la construcción del mismo fueron Alcañiz, Caspe y Chiprana, que verían en él una buena solución. 
            La historia de Santolea siempre ha estado muy ligada al agua, sus mejores tierras eran las más próximas al río, las de su huerta, que fueron inundadas por el pantano. 
            En 1960 el pantano alcanzo su nivel más alto empujando a algunos de los pocos vecinos que quedaban a abandonar sus casas, lo que coincidió con la construcción de Puig Moreno y Valmuel, dos pueblos de colonización situados al lado de Alcañiz que acogieron a muchos de sus vecinos. 
Las indemnizaciones acabaron de cobrarse en 1967, muchos de los vecinos tuvieron que volver al pueblo para cobrarlas porque ya eran pocos los que todavía resistían a ese futuro cercano e inevitable. No fueron cuantías muy altas. Un ejemplo, es el extraído de “apuntes de Santolea” de José Aguilar, en el que dice que a una familia compuesta por un matrimonio y tres hijos que convivían con los padres de la mujer se les adjudicaba unas 30.000 pesetas.
 Estas familias se vieron forzadas a emigrar hacia distintas partes del estado, sobre todo a Cataluña,  Zaragoza,  Alcañiz y a los pueblos de alrededor, y en esos nuevos lugares tuvieron que empezar una nueva vida, partiendo desde cero. 
En 1972 se inició la demolición del pueblo, a partir de ese momento Santolea quedo destruida y abandona a merced de quienes saqueaban los pocos recuerdos que todavía guardaba en sus semidestruidas fachadas.

EN LA ACTUALIDAD

Hoy en día Santolea no son más que un puñado de escombros a los que se llega por una estrecha y peligrosa carretera. Un espacio olvidado en la orilla de un pantano, es difícil distinguir sus ruinas, tan sólo quedan en pie unas pocas casas a punto de derrumbarse y una pintada que nos recuerda que a pesar del dolor y el abandono SANTOLEA SIGUE VIVA.
El calvario todavía se mantiene, aunque esta semidestruido, y el cementerio agoniza en el borde de un precipicio artificial, creado por una cantera que amenaza y destroza lo poco que queda de un pueblo arrasado y olvidado. 

SUS FIESTAS Y COSTUMBRES

Las fiestas de Santolea se dividían en dos, las fiestas de invierno y las de primavera.
Las fiestas en honor a San Antón y a San Sebastian se desarrollaban el 20, 21, y 22 de Enero. Durante estos tres días los vecinos disfrutaban de sus fiestas mayores. El día 20 correspondía a San Sebastian y el 22 a San Antón Abad, el programa de fiestas era similar para ambos días.
Por la mañana los mozos daban la vuelta al pueblo junto al Gaitero “El Conesa” y al tamborilero “El roso” (de las Parras de Castellote) con una manta de coger olivas en la que recogían las pastas que el resto de gente les daban. La Encamisada era, sin duda, una de las fiestas más características de Santolea, se desarrollaba durante estas fiestas de Enero, y aunque en un principio se realizaba la noche del 16 de Enero, al cambiar la fecha de la fiesta, se hacia la tarde del 20 y 21 de Enero; la caballería salía a dar la vuelta al pueblo y una vez bendecidos por el cura, los jóvenes disfrutaban compitiendo por el pueblo. Antes y después de cenar había un baile con el que se zanjaba la fiesta hacia las 2 de la mañana; muchos eran los jóvenes que desde Ladruñan, Castellote, la Algeciras, el Crespol, Dos Torres …se acercaban a Santolea.
La Encamisada
La Encamisada en Santolea
El tercer día de las fiestas de San Antón y San Sebastian se hacia la “fiesta de los casados”, en la que los recién casados mataban un cordero, merendaban y bailaban durante la tarde.
El 16 de Abril, Santa Engracia, la fiesta comenzaba por la mañana con la procesión al calvario y la misa se desarrollaba en la propia Ermita. Después de comer los vecinos bailan, reían y disfrutaban del ambiente.
En Semana Santa se hacían procesiones el Jueves Santo y el Viernes Santo, para las que los vecinos decoraban todos los balcones por donde pasaba. El lunes era típico comer el roscón de pascua.
  Las tortas de alma eran la pasta estrella de las fiestas, las mujeres las realizaban con mucha maña, lo que hizo que aun todavía, mucha gente las recuerde con nostalgia. 
  
Uno de nuestros vecinos más activos, José Aguilar, ha recopilado multitud de información acerca de Santolea y ha creado una página Web, visitala para saber más sobre nuestro pueblo; Santolea. Un pueblo para no olvidar

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