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martes, 31 de julio de 2012

José Sorribas "El Conesa"


El pasado mes de Junio y a raíz del V encuentro de Dulzaineros y Tamborileros de Mas de las Matas en el que se rindió homenaje a nuestro vecino José Sorribas, el Boletín Informativo de la localidad "El Masino" hizo la siguiente publicación al respecto: 

El V Encuentro de Dulzaineros y Tamborileros de Mas de las Matas le rinde homenaje al santoleano: José Sorribas "El Conesa"


Una gaita sonaba en la Calle La Costera de Mas de las Matas, un Sr. menudo la tocaba con gusto y con una ilusión desbordante en sus ojos… los “dulzaineros” del pueblo, sudando el sol del estío, lo miraban y se “empujaban” a continuar el largo camino de aquel santoleano que tuvo, un triste día, que abandonar su pueblo para bajarse a vivir a Aguaviva y luego irse a Cataluña a encontrar un buen trabajo. Su gaita desbordaba cariño por esta tierra que nunca olvidó por eso este año (en concreto el 16 de junio) en el V Encuentro de dulzaineros y tamborileros que organiza El Relicario, con la colaboración del Ayuntamiento y de Caja Rural Teruel, se rinde homenaje a este dulzainero bajo aragonés que llevaba, en sus venas, el polvo de Santolea.
Enseguida podrán leer la entrevista que pasamos a tener con José Sorribas en El Ordal, en el Alt Penedés de Barcelona (después les explicamos); pero las jornadas fueron mucho más… esta vez dedicadas a los encuentros de los que tocaban la gaita en la bodega… la manera de hacer fi esta, en aquellos días, en los días en que la jornada laboral les dejaba el tiempo para reunirse con los amigos. Entonces no existían los “encuentros” en los bares y pubs que hoy son abundantes… habían tabernas, pero pocas y, como nos dicen en los panfl etos repartidos por El Relicario, “corría poco el dinero”. Así, que es de suponer que el gusto por lo ancestral y lo más auténtico, de alguna manera, prevalecía, resurgía y se afianzaba. Mas de las Matas y estas tierras ayudaban porque entonces los campos estaban poblados de sus propias viñas y la gente bebía su propio vino, el pisado por sus propios pies… agarrados los unos a los otros en corrillos pequeños, como en un baile tradicional… Así que, en resumidas cuentas, en todas las casas existía una bodega a la que se acudía a hablar, a entretenerse y a pasar el rato, después del trabajo.
Destacar que las V Jornadas empiezan a las 17:00 horas con la presentación de las mismas bajo el título: CANTO DE BODEGAS: SUS ORÍGENES Y DESARROLLO; después, ya hacia las 18:00 y en la calle de Las Escuelas, muy cerquita de donde le oía tocar la primera vez se le realizará un homenaje a José Sorribas” El Conesa”, el gaitero de Santolea, como a él le gustaba recordarse… y desde ese evento se iniciará la ronda gaitera por el pueblo. Hacia las 21:30 horas habrá una cena en la nave municipal y hacia las 23:30 horas actuarán los gaiteros de Estercuel y el Grupo Malagana…la noche, se rematará, con una Discoteca móvil, organizada por la Comisión de Fiestas.
La entrevista a José Sorribas se le realizó como santoleano superviviente del “abandono” de aquel pueblo condenado por el pantano… era y es un proyecto, en forma de libro o enlace web, del GRUPO DE ESTUDIOS MASINOS, detenido por lo de siempre: falta de tiempo, presupuestos… pero que está ahí, al 99% y que creemos es una duda no aprovechar en esta ocasión porque la tarde con José en El Ordal fue estupenda y la queremos compartir con ustedes. Él nos dejó a los que compartimos un trozo de su tiempo vital… algo especial… esperamos poder transmitirles, al menos, un poco porque con ello, y en estos tiempos, ya se les inyectará mucha de esa vitalidad que transmitía desde su gaita:
José Sorribas nos recibe en el Ordal, en una gran finca vistosa, elegante y con cierto aire de superioridad. Le acompaña en el banco de piedra su mujer y dos vecinas. Este santoleano, amante de la música de la “gaita”, se levanta y se encamina poco a poco arrastrando sus rodillas maltrechas hacia nosotros. Nos saluda con una sonrisa y un apretón de manos que tiene mucho de bienvenida e incluso de afán de protección.
Se está bien en el patio de la casa de José, así que decidimos quedarnos allí a conversar. José se sienta y respira hondo, es como si se preparase para coger la “gaita” e interpretar una de las piezas clásicas. José siente verdadera pasión por la música, si volviese a nacer sería músico profesional, no como ahora que revela en un tono triste, que sólo es un músico de afición.
José confiesa haber pasado una buena infancia: “jamás faltó de comer, pero fuimos poco al colegio…tenía sólo seis años cuando ya marché con las ovejas al monte. Me convertí en pastor”.
Este santoleano, que es lo que él se considera, nació el 19 de diciembre del 1926. Su madre era de Santolea y su padre era vecino de la localidad de Las Parras de Castellote. Éste matiz en la vida de José fue más que importante, emocionándose al recordar la semilla como gaitero. José está convencido que el coraje le llegó del pueblo de Las Parras.
Recuerda, con una sonrisa cómplice, el trabajo de su madre como “llevadora” y nos ubica a sus dos hermanas emigradas a Barcelona. Él se vino porque su madre tenía una estrecha relación con la familia Parellada. Éstos le ofrecieron un puesto de trabajo, como portero, en una fábrica textil, pero en cuanto visitó la fábrica José sintió que aquello no era para él…estaba demasiado acostumbrado al campo y al monte. Volvió a Santolea donde al cabo de poco se casó. Tres años después la familia Parellada le ofrece el trabajo de guardián en el Ordal y José se viene con su mujer. Aquí nace su hija y formaron familia, aglutinando nuevos amigos. Hoy José habla perfectamente el catalán.
Nos interesan los diferentes guiños de su vida en Santolea y más allá, porque sabemos que José donde viva, allá donde sea, nota el aire de Santoles: ve sus casas y sus calles sin derruir, en todo su esplendor; palpa el olor que transporta el aire…Sorribas sólo dejó definitivamente su tierra a los 30 años cuando le ofrecieron un trabajo que valoró por suficientemente bueno como para plantearse dejar el pueblo que le vio nacer; con ello José contribuyó a la sangría de un pueblo más que condenado. Desde entones y hasta que se jubiló, trabajó en Can Parellada del Ordal como guardián de una gran finca mayoritariamente de viñas y melocotones, bajo el sistema de aparceros.
No respondió directamente a casi ninguna pregunta. Lo hacía lanzando un lazo que daba un giro para volver a la cuestión inicial. José ya no es que se siente un exiliado del pantano, solamente siente:” una pena muy grande; a nosotros nos hicieron una gran injusticia que sólo ha hecho bien a los pueblos de abajo…”. Puede que la injusticia se sintiera más por lo que fue Santolea como pueblo:”allí ya había una fábrica de mantas, nos hacíamos la luz, teníamos dos o tres tiendas, médico, veterinario, farmacia… criábamos terneros, lechales; no faltaba de agua y había regadío que proporcionaba buenas cosechas. Si no es por el pantano Santolea hubiese sido más que Mas de las Matas, Aguaviva. Era un pueblo con mucho futuro.”.
Le preguntamos por los primeros días del pantano:” el pantano se llenó muy aprisa, en cuatro días…la gente salvaba lo poco que podían de las huertas, nosotros perdimos la leña”. Y es en ese momento cuando se produce la primera emigración: “Se marcharon de quince a veinte familias… aquello fue de lo más triste. Llorábamos todos: ellos porque marchaban y nosotros porque los veíamos marchar. En un pueblo nos conocemos y convivimos, de manera especial, todos, muchas veces como si fuésemos familia o incluso más”. Suspiró, con la mano pidió un momento de pausa mientras bebió unos sorbos de agua, “Los maños aprecian mucho a la gente del pueblo; en Santolea había mucha amistad. Mucha confraternidad, cambia mucho de allá a aquí”. Nos preguntamos si Santolea era un pueblo religioso: “Sí, generalmente sí. A mí el cura que me bautizó me casó, se llamaba mosén Marcos”.
Hablamos más de lo que sienten los santoleanos de su pueblo: “Casi siempre se ha estado llorando en Santolea. Los de la Posada no querían marcharse… a ellos que entonces no quisieron vender, ahora con la nueva subida del pantano, se lo van a expropiar y cobrarán mucho más…”.
Me mira y la mirada se le enturbia, pero sigue hablando, admitiendo: “El tener que abandonar Santolea, se arrastra toda la vida…”. Traga saliva y cierra momentáneamente los ojos, sin duda es el hecho más triste que debió vivir. Callamos para admirar y sentir la emoción a un hombre y a su pueblo al que sólo se les ha vencido por el polvo fruto del abandonado, antes que por la amenaza perenne del pantano.
José hasta que se marchó de Santolea, apenas había salido del pueblo, “sólo iba como músico a tocar por ahí, lo más lejos que llegué fue a la Cañada de Benatanduz y claro recorrimos todo el entorno”. La afición de músico, según José, “me vino de sangre con la procedencia de mi padre que era de Las Parras y al ser pastor e ir por ahí con el ganado siempre me llevaba la gaita que me hice yo mismo de madera de pino cuando estaba en el Mas de Conesa de Pastor”. En este rincón de Teruel estuvo José de pastor durante la guerra allí presenció un hecho que se le quedó grabado en la memoria: “cuando entraron las tropas nacionales en la zona vinieron por allí y se asentaron alrededor del Mas para pasar la noche. Los moros se hicieron con unas 90 ovejas que sacrificaron y degustaron…”
Con la posguerra Sorribas se traslada a Foz Calanda a una masía donde cuidaba de las ovejas y ejercía de criado. “Hacía de criado y sí veía a los maquis que sólo me pedían de comer… el problema es que al día siguiente venían los guardias civiles…los maquis hicieron cosas muy malas; por ejemplo a unos que iban a Cedrillas, se lo robaron todo. Estoy seguro de que los conocían”.
Nos preguntamos qué contestaba, qué contesta, José Sorribas “el gaitero”, cuando se le pregunta de dónde es, responde sin pensarlo y con rotundidad: “de Santolea”. Su afirmación se asemeja a la de un inocente que reivindica sus manos blancas ante una severa acusación manchada de rojo. No hay duda, José vive todavía en Santolea, además: “¿Qué si sueño con Santolea?, claro que sí, sino todos los días….casi todos los días, mi mujer se ríe, pero ya se puede reír ya…que yo sigo con mis sueños de Santolea….si pudiese yo me iría hacia aquellas tierras y viviría en Aguaviva donde paso unos días cada año en agosto, pero a mi mujer no le gusta….”.
Aguaviva se convierte en el escenario de los Sorribas. Su nieto Bernat le acompaña también como tamborilero por aquellas tierras. José se muestra contento y orgulloso de Bernat y disfruta poniendo la música acompañando a los “gegants” de Ordal. “Mi nieto lo lleva en la sangre, lo lleva dentro. Ahora toca con varios grupos… en cuanto a Santolea le cuento cosas, pero no me escucha mucho. Cuando va le gusta, pero no hace mucho caso”.
Queremos dar un salto atrás en el tiempo de José Sorribas: “Años antes de la guerra sí que eran años felices…diría que sí, porque no habían rencores; bueno en Santolea ni durante la guerra. Lo pasé mal por el miedo, pero nunca me hizo falta comida.”.
Hay un hecho que jamás olvidará José. La noche empezaba a darse prisa a enloquecer en aquella Santolea de hace muchos años. José caminaba con un pálpito especial, la alegría parecía desbordarse porque el gaitero había experimentado su primer beso, con su actual mujer, subiendo la “Costera del Cantón”. El primer beso no se olvida nunca y el lugar en donde se da, tampoco.
Una vez en Barcelona le quedaron a José dos casas en Santolea que sólo le daban gastos y muchos problemas. Al final accedió a venderlas por 12.000 y 30.000 pesetas, respectivamente. José y sus hermanas emigraron a Cataluña; sus hermanas a Barcelona y él en esta magnífica finca de Ordal. “Mira, mis padres murieron los dos aquí, mi madre vino bien, pero mi padre no quería venir, creía que aquí no se ganaría la vida….”.
¿Qué le debe Santolea a José o que le debe José a Santolea?. Responde con seriedad, pero dibujando una leve sonrisa en los labios: “Me debe lo que no me han dado; mira, donde aprendes a  andar no se puede olvidar…mi pensamientos siempre está allí. Yo siempre estoy allí”.
José fue muy pocos días a la escuela de chicos de Santolea, demasiado pronto marchó con el ganado al monte y de la mili se vio librado por tener su padre más de sesenta años: “esa fue mi desgracia porque yo en la mili me hubiese convertido en músico… pero las cosas vinieron así.”
El mundo de la música. La vida de José Sorribas.
Después de fabricarse una gaita de madera de pino, allá en la masía de Las Parras, la primera gaita se la regaló el abuelo de Abilio, el que le enseñó a tocar. Un gaitero que ya entonces era un referente para los que gustaban de esta práctica musical. El primer pueblo al que fueron a tocar, después de Santolea, fue Ladruñán. “Los gaiteros en aquellos días no nos quitábamos la parroquia unos a otros. Guardo en la memoria excelentes momentos de la época de músico. Muchos días sueño que estoy tocando en estos pueblos en los que siempre había buena mesa. Por ejemplo, en el Mas de las Matas, estupenda. A vuestro pueblo iba con el grupo “El Serafín” para las fiestas de San Agustín”.

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