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lunes, 16 de febrero de 2009

EL PANTANO DE SANTOLEA



Santolea, situada a orillas del pantano que lleva su mismo nombre, siempre fue un pueblo ligado al agua, entre otras cosas, por su cercanía al río Guadalope y por sus numerosas y fértiles huertas. Finalmente fue el agua la que escribió su historia, y lo hizo con letras mayúsculas.
En 1927 se iniciaron las obras de la construcción del pantano, y ya en 1932 las tierras quedaron embalsadas, antes incluso de que sus propietarios recogieran sus cosechas o cobraran sus expropiaciones.
La construcción del pantano trajo riquezas para muchos otros pueblos, ya que sus aguas fueron utilizadas para crear regadíos que contribuyeron al bienestar común de la zona.
Santolea fue muy importante en vida pero aun después de destruida ayudó a otros pueblo que hoy gozan de agua, en parte, a su costa.
Todos sus vecinos se vieron obligados a emigrar, a intentar reconstruir una nueva vida y a olvidar, o por lo menos a dejar atrás al pueblo que los vio nacer, a sus raíces, a sus recuerdos...a toda su identidad. Muchos de ellos incluso abandonaron Teruel y se fueron muy lejos, a la gran ciudad.
La historia de Santolea es triste por muchos motivos, ya no sólo es doloroso recordar su pueblo, sus calles, sus montes o sus rincones, sino que lo es también recordar a sus vecinos, porque los santoleanos quedaron esparcidos y muchos de ellos jamás volvieron a verse
Después de tantos años, Santolea descansa destruida y somos nosotros, los que la recordamos, los que podemos hacer algo para que no termine por sucumbir, para que sus ruinas no desaparezcan y para que tanto dolor sea compensado.

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